EL ECO DE LOS PASOS sostiene el apoyo crítico a la Revolución Venezolana desde el punto de vista del Comunismo Anarquista.- Colaboraciones a: cntfai@cantv.net
Es difícil, desde los medios de comunicación, encontrar un estudio ecuánime sobre la reforma a la Constitución venezolana que será sometida a referéndum el próximo 2 de diciembre. No es raro advertir una polarización de los argumentos, que a veces se tornan en apreciaciones carentes de contenido que las respalde. La mayoría se congracia con las acusaciones de la oposición venezolana, que sin acceso a los cauces parlamentarios que en su día cedió a los partidos fieles a Chávez, se ha visto obligada a recogerse entre los movimientos antichavistas para encontrar en su fuerza la suya propia.
Muchos de los temores que suscita la modificación de 69 artículos de la Carta Magna giran en torno a la concentración de poder. El fin de la independencia del Banco Central, la reelección ilimitada del presidente, la ampliación de su mandato de seis a siete años, el control de las reservas internacionales o la restricción de libertad de prensa en situaciones de emergencia nacional han sido levantados en volandas para encontrar en Chávez un personaje ávido de poder que tiene la pretensión de utilizar la complicidad de la Asamblea Nacional para asentar medidas que por autoritarias también pasan por despóticas y dictatoriales.
Lejos quedan explicaciones menos apocalípticas que recuerden, por ejemplo, que desde la llegada de Chávez a la presidencia, la pobreza se ha reducido del 42% al 34%. Indispensables han sido, por su trascendencia, los espacios políticos y proyectos sociales con los que el dirigente de Venezuela ha querido rescatar a los movimientos populares del anonimato. Gracias a su apoyo, Chávez no ha sido ni una vez rechazado en los diferentes procesos electorales y consultas a los que se ha sometido durante los casi nueve años que lleva en el poder. Debido a ello, también, iniciativas como las misiones o los consejos comunales ha sido entendidos por algunos sectores como artificios paternalistas con el que se confinan a pura demagogia las libertades y mecanismos democráticos con los que anhela convertirse en el prócer de un nuevo socialismo.
La reforma a la Constitución no podrá ser abarcada, en ningún caso, atendiendo a estereotipos agarrados al aire o a esbozos apresurados con los que se quiere digerir desde muchos medios la tanda de artículos modificados. Semejante postura se complace con un análisis encorsetado que puede hacer despreciar, cual despojo, la inclusión de la población en un proceso constituyente de trascendencia social y económica, y que la exige para que la reforma nunca sea excusa de un poder incontrolado, por muy revolucionarios que sean sus propósitos.
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