EL ECO DE LOS PASOS sostiene el apoyo crítico a la Revolución Venezolana desde el punto de vista del Comunismo Anarquista.- Colaboraciones a: cntfai@cantv.net
Ayer

El espectáculo mediático de un Emperador desgranando públicamente los planes imperiales para anexarse una pequeña isla vecina, orgullosa de su independencia y rabiosamente defensora de ella, fue, no cabe duda, el gran filme de ayer, y el guión parecía extractado de los tiempos del feudalismo en los cuales a los nobles vasallos los reyes exigían acatamiento a su soberanía porque, ya se sabe, eran monarcas por derecho divino.
George Bush, hijo, está convencido de que es Presidente de los United States of America (U.S.A.) por las mismas razones que Carlomagno se creyó rey, y, además, la Derecha Cristiana –esa Komintern del fascismo global y del totalitarismo occidental- se lo ha venido susurrando al oído desde el despuntar del siglo XXI. Es decir, por las mismas causas que ese monstruo que fue Francisco Franco “Caudillo”, es decir, “por la gracia de Dios”.
El espectáculo, es decir, el protagonizado por Bush, hijo, amenazando a un pequeño país del Caribe, socava todo el derecho público internacional, liquida la razón de ser la Organización de las Naciones Unidas (O.N.U.) establecida, curiosamente, a instancias de otro Presidente de los Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial; y justifica la guerra como base de las relaciones internacionales entre los Estados.
Toda la argumentación vociferada por el Emperador está basada en falacias evidentes, es decir, se trata de una argumentación irracional. Cuba ha sufrido lo que ha sufrido no por el régimen del cual se dotó a partir de 1959 sino porque los Estados Unidos de América, su gobierno, su plutocracia, cercaron a la isla, bloquearon el comercio mundial desde y hacia ella, por lo cual los cubanos debieron adscribirse al Pacto de Varsovia y establecer sólidas relaciones con el llamado bloque socialista que existió hasta 1991.
Mas luego de ese año los cubanos debieron valérselas por sí mismos, diseñaron lo que se conoce como el “período especial”, y disminuyeron su nivel de vida al del nivel de vida de los tiempos más negros de los pueblos del Caribe, por la muy sencilla razón que el bloqueo de los Estados Unidos prohibía no sólo a sus empresas negociar con el gobierno de Cuba sino que se extendía a muchos otros países aliados de los Estados Unidos.
Desde 1991 el bloqueo yanqui contra Cuba se ha endurecido enormemente, en todos los sentidos. España, como vanguardia de la Europa capitalista, trató de socavar el régimen cubano valiéndose de la misma retórica que se desarrolló para aislar y, finalmente, liquidar, al menos propagandísticamente, a los regímenes soviéticos y, especialmente, a la misma URSS.
Mas nada de lo que se planificó para liquidar al gobierno cubano, a las conquistas de la Revolución Cubana, ha sido exitoso. Hoy, además, Cuba cuenta con la solidaridad de otras naciones latinoamericanas, como Venezuela, y forma parte de pactos integracionistas como el Alba (Alternativa Bolivariana de las Américas), al lado de Nicaragua, Bolivia, Ecuador y otras naciones del Caribe.
Ayer, como antier y como hoy, los Estados Unidos de América, por boca de su Emperador de turno, niega las supuestas bases filosóficas de su proyecto nacional –devenido en Imperio- y ubica tanto a la agresión como a la guerra en los criterios para las relaciones entre las naciones.
Ayer, fue la Barbarie el espectáculo mediático. Un régimen que impone en los Estados Unidos el totalitarismo de la fuerza bruta; que organiza la Barbarie a lo largo del mundo; un régimen fascista así no tiene moral para hablar ni de derechos humanos ni de libertad ni de democracia.
En la alborada del siglo XXI es evidente por doquier que el totalitarismo yanqui arremete contra la libertad, contra la democracia y suprime los derechos humanos cuando y donde le dé la gana. Estamos frente a un monstruo. Para defendernos de ese monstruo debemos prepararnos.-
El Eco de los Pasos.
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Bush conversa con Negroponte, símbolos ambos de la guerra, el resurgimiento del colonialismo y la violación sistemática de los derechos humanos en todos los continentes, incluso en el mismo territorio de los Estados Unidos de América.