EL ECO DE LOS PASOS sostiene el apoyo crítico a la Revolución Venezolana desde el punto de vista del Comunismo Anarquista.- Colaboraciones a: cntfai@cantv.net
La Revolución Bolivariana y las tradiciones anarquistas.-
El movimiento anarquista tuvo un declive tras la derrota republicana en la guerra civil española (1939). Algunos núcleos sostuvieron cierta actividad en aquellas tierras donde el movimiento anarquista había sido influyente a principios del siglo XX, después de la derrota española. Nuevamente, en 1968, las temáticas libertarias cobraron nuevos bríos, ahora con influencias marxistas y del psicoanálisis y, por aquel entonces, con ciertos balbuceos ecologistas. Pero debió esperarse a la transición española, a partir de 1975, para que el enfoque anarquista cobrara cierta relevancia, especialmente en el mundo hispanoparlante. El nuevo movimiento anarquista hispano atravesó una serie de vicisitudes pero no logró alcanzar la influencia que en el pasado tuvo en la sociedad española porque, en general, el anarquismo no se había podido actualizar desde los años treintas. Sin embargo, poco antes de la caída del “socialismo real”, y especialmente después de ésta, comienza una renovación en el pensamiento ácrata y a sus aguas estancadas comienzan a fluir nuevas corrientes, provenientes desde distintas fuentes.
En el aspecto organizativo el movimiento anarquista, al despuntar el siglo XXI, adopta la forma de Redes en las cuales cada nodo conserva su autonomía y su individualidad, que no el individualismo. Es el reflejo de las nuevas concepciones sistémicas, científicas y tecnológicas que inundan a las vanguardias en la sociedad de la información. Pero al mismo tiempo, ya el nuevo anarquismo del siglo XXI no es fiel a sus fuentes originarias sino que viene contaminado por otras influencias: postmodernismo; marxismo; liberalismo; relativismo; religiosidad; democracia; etc. Y esas influencias van decantando distintos enfoques ácratas en nuestra época actual.
Como casi todas las teorías omniabarcantes, el anarquismo peca por tomar sus deseos por realidades. Aunque esto no es propio del anarquismo ni lo distingue de las demás. A decir verdad, el pensamiento utópico es así; y si algo evidenció el siglo XX ha sido que todas las escuelas del socialismo y del comunismo siguen siendo escuelas del pensamiento utópico.
Mas las realidades planetarias son distintas a los esbozos utópicos. Y, la misma experiencia revolucionaria a nivel mundial evidencia que no se puede cambiar el mundo ni hacer la justicia social y conquistar la libertad y la democracia para hombres y comunidades con un catecismo en la mano. Es así como en el siglo XXI asistimos a una confluencia de fuerzas socialistas libertarias en muchos ámbitos, ya provenientes de las tradiciones marxistas o de las tradiciones cristianas o de las tradiciones anarquistas.
Como guía para principiantes hay que calificar a casi todos los catecismos utópicos, y acicate para la organización y la comunidad de militancias. Mas hasta ahí. La realpolitik se impone sobre las buenas intenciones. Hay un mundo organizado que las utopías obvian porque éstas son un lenguaje privado, íntimo, subjetivo, en tanto que la realpolitik es todo lo que está “allí afuera”. Y como las utopías aspiran a cambiar lo que está “allí afuera” entonces chocan con la realpolitk y padecen la tragedia o el drama de adaptarse o desaparecer.
Todas las revoluciones que del mundo han sido fueron impulsadas por esa combinación multifacética entre las utopías que se apoderan de las multitudes o/y de sus vanguardias y determinadas condiciones sociales. En el proceso revolucionario surgen nuevos aportes teóricos y nuevos enfoques; y la referencia a la matriz utópica se hace por simple nostalgia.
Pasó con el marxismo en Rusia y pasó con el anarquismo en España. En cada una de esas situaciones las ideologías químicamente puras terminaron siendo la negación de sus negaciones y, por eso, es que las lecciones que depararon enriquecen la teoría revolucionaria.
Lo mismo está sucediendo con la Revolución Bolivariana, a la cual muchos catecúmenos marxistas y catecúmenos anarquistas atacan despiadadamente. La confrontan con un paradigma utópico que los tiempos van desgranando. Mas como los hechos son testarudos y no sirven los cartabones de los cuales hacen gala se deslizan hacia posiciones contrarrevolucionarias y, en algunos casos, como sucede con cierto panfleto libertario, hacia posiciones francamente fascistas.
Las tradiciones anarquistas nunca admitieron el dogmatismo, por eso la divisa del neoanarquismo de 1968 fue que “el anarquismo es el martillo de todas las ortodoxias”. Y, el espíritu libertario, en general, tiene esa propiedad: el proyecto de la libertad es inseparable del proyecto socialista, de ahí la conjunción del socialismo libertario.
Nadie niega, ni ha negado, las serias deficiencias que cohabitan en la Revoluciòn Bolivariana, sería tanto como negarse a admitir el pensamiento racional. Mas lo que es irracional es atacar a un proceso que busca profundizar la democracia e incrementar las esferas de la justicia, así como ensayar formas socialistas en todos los órdenes sociales, amparándose, para ello, en un catecismo cuya única virtud ha sido repetirse a sí mismo a lo largo de 150 años.
Por eso es que los anarquistas apoyamos críticamente a la Revolución Bolivariana, porque la sentimos anticapitalista y anti-imperialista, con un contenido socialista e interesada en ampliar la democracia e instaurar formas de poder popular. Esto no quiere decir, a su vez, que sea un proceso sin contradicciones, especialmente en la esfera global en la cual ya es impensable ni la autarquía ni las sociedades cerradas.
¿Cuándo haremos la crítica? Ni pendejos que fuésemos para darle armas a las fuerzas capitalistas o a la derecha cavernícola de cualquier color. No seremos nosotros los que instigaremos al fraccionalismo dentro de la Revolución.
La Revolución comenzó como un tibio reformismo en noviembre de 2001, realmente. Apenas hace seis años se habla en este país de socialismo, revolución, democracia, etc. Los bolivarianos están tratando de superar estructuras que fueron conformadas por décadas. Así que no estamos apurados para hacer la crítica a la Revolución Bolivariana. Ya vendrá, si hace falta. De momento apoyamos todas las formas progresistas que permitan superar el trabajo asalariado y el poder político centralizado; y eso, en esencia, es consustancial a las tradiciones anarquistas. Nunca se instaura la utopía de golpe y porrazo.-
Floreal Castilla.-