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EL ECO DE LOS PASOS sostiene el apoyo crítico a la Revolución Venezolana desde el punto de vista del Comunismo Anarquista.- Colaboraciones a: cntfai@cantv.net

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Cuba: revolución permanente y contradicciones contemporáneas (Primera Parte)

24-08-2007

Cuba: revolución permanente y contradicciones contemporáneas

 

James Petras y Robin Eastman-Abaya

Rebelión

Traducido para Rebelión por Manuel Talens y Germán Leyens. Revisado por Juan Vivanco.

 

 

Introducción

La Revolución cubana y su economía socialista han demostrado una tremenda resistencia ante enormes obstáculos y retos políticos. Cuba ha desafiado con éxito una invasión orquestada por EEUU, un bloqueo marítimo, cientos de ataques terroristas y medio siglo de bloqueo [1]. Cuba pudo sortear el bajón de la caída de la URSS y los regímenes colectivistas de la Europa del Este, el tránsito de China e Indochina al capitalismo y, al mismo tiempo, logró formular un nuevo modelo de desarrollo.

Tal como han señalado numerosos eruditos y dirigentes políticos -adversarios incluidos-, Cuba ha desarrollado un sistema muy avanzado de bienestar social, que funciona: cuidados sanitarios y educación universales y gratuitos desde la guardería infantil hasta la universidad [2].

En política exterior y nacional, Cuba ha establecido con éxito relaciones económicas y diplomáticas en todo el globo, y ello a pesar de los bloqueos y las presiones de EEUU [3].

En cuestiones de seguridad nacional y personal, Cuba es un líder mundial. Las tasas de criminalidad son bajas y la violencia infrecuente. Las amenazas y los actos terroristas (la mayoría en proveniencia de EEUU y de sus socios del exilio cubano), han disminuido y son menos peligrosos para la población cubana que en EEUU o Europa.

Son precisamente los éxitos de la Revolución cubana, su habilidad para sobrellevar las amenazas externas -que habrían derrotado a la mayoría de los gobiernos- los que han creado ahora una serie de importantes desafíos, que requieren atención urgente para que la revolución, tal como la conocemos, pueda adentrarse en el siglo XXI. Estos desafíos se deben tanto a las restricciones externas anteriores como a los acontecimientos políticos internos. Algunos problemas eran consecuencias inevitables de las medidas de emergencia, pero ahora exigen soluciones inmediatas y radicales.

Virtudes revolucionarias

La gran virtud de la Revolución cubana es haber sobrevivido manteniendo muchos de sus logros sociales positivos, cuando muchos regímenes reformistas o revolucionarios, anteriores y posteriores, cayeron en las urnas, fueron derrocados o se desplomaron por sí mismos. EEUU y sus aliados derrocaron los regímenes reformistas de Arbenz en Guatemala (1954), de Mossadegh en Irán (1953), de Allende en Chile (1973), de Lumumba en el Congo y otros muchos. La Casa Blanca hizo caer el gobierno sandinista de Nicaragua en 1989, el régimen de Aristide en 1992 y 2004 y otros muchos. Por el contrario, Cuba derrotó una invasión patrocinada por EEUU en 1961, resistió un bloqueo marítimo estadounidense en 1962, desactivó centenares de intentos de asesinato y ataques terroristas organizados por la CIA durante medio siglo e incluso pasó a través de un bloqueo económico mundial [4].

Gracias a una astuta diplomacia, Cuba se aseguró un favorable y oportuno comercio y contratos de ayuda con la antigua URSS y la Europa del Este. A finales del pasado siglo XX, Cuba tenía relaciones diplomáticas y económicas con casi el mundo entero, y ello a pesar del bloqueo de EEUU. En 2001 Cuba rompió incluso el embargo comercial al importar alimentos y medicinas de exportadores y agricultores estadounidenses, si bien en condiciones unilaterales desfavorables.

El repentino colapso de la URSS y la conversión de Rusia y la Europa del Este en colonias capitalistas occidentales fueron un golpe devastador para la economía cubana. La pérdida de socios comerciales dio lugar a un declive repentino de la producción. La transición al capitalismo en China e Indochina le brindó pocas alternativas. El gobierno cubano adoptó una estrategia económica de emergencia inaugurando un “período especial” de austeridad forzosa y ajuste estructural que difuminó el dolor del reajuste económico en toda la sociedad cubana, a diferencia de lo ocurrido en los países capitalistas. Entre 1990 y 2000 Cuba reconstruyó su economía para cubrir las nuevas exigencias de la economía mundial, y al mismo tiempo conservó su red de protección social, lo cual fue una hazaña sin precedentes.

La recuperación de Cuba se basó en diversos ejes de nuevo cuño: el desarrollo rápido y exhaustivo del sector turístico mediante grandes inversiones a largo plazo en asociación con multinacionales europeas y latinoamericanas; enormes inversiones en biotecnología para estimular la investigación y desarrollo de exportaciones farmacéuticas; acuerdos comerciales y contratos de inversión a largo plazo con Venezuela, mediante los cuales Cuba intercambia en condiciones favorables equipos médicos y servicios por productos del petróleo; asociación de empresas en participación para desarrollar la exportación de níquel, ron, tabaco y productos cítricos; y contratos de importación de alimentos con agroempresas de EEUU y Canadá [5]. Los cubanos cerraron la mayor parte de sus fábricas azucareras y redujeron la producción de azúcar, reconvirtiendo bruscamente los campos de caña para la producción de cosechas alternativas a escala limitada.

Continuaron las inversiones importantes en nuevas escuelas avanzadas de informática (200 millones de dólares) [6], en el turismo médico y en los proyectos humanitarios externos. Esta estrategia económica, combinada con condiciones externas favorables (precios mundiales elevados de productos primarios, la radicalización del presidente venezolano Hugo Chávez, los cambios en los regímenes liberales de América Latina desde la extrema derecha al centro derecha neoliberal) y el sacrificio voluntario de la mayoría del pueblo cubano, condujo a una recuperación económica gradual, pero firme, a partir de 1994, seguida de un crecimiento acelerado desde 2003 [7].

Tanto en la profunda depresión económica como tras la recuperación, el gobierno cubano mantuvo la estructura básica social y las provisiones de asistencia. Todos los programas sanitarios y educativos de importancia continuaron siendo gratuitos y abiertos al público. Los trabajadores desplazados por la reestructuración económica siguieron recibiendo sus salarios y se les ofrecieron trabajos estatales subvencionados y programas de formación en otras disciplinas. Los alquileres y los costos de las empresas de servicios públicos siguieron siendo bajos. Se siguieron pagando las pensiones. Continuaron los subsidios de la alimentación y el racionamiento de artículos básicos. Las actividades culturales, deportivas y recreativas avanzaron a pesar de los bruscos recortes en su subvención. A pesar de las carencias generales y las privaciones sociales, las tasas de criminalidad permanecieron muy por debajo de los porcentajes latinoamericanos y de EEUU.

Las instituciones nacionales de seguridad protegieron con éxito al público cubano de los ataques terroristas apoyados por EEUU y de los esfuerzos internos de desestabilización patrocinados por las organizaciones “disidentes” financiadas por la Casa Blanca [8]. A pesar de su mayor vulnerabilidad económica, Cuba rechazó las presiones de EEUU y la Unión Europea para dictarle su seguridad nacional y sus políticas económicas [9]. La Habana rechazó el intento de Washington de convertir a Cuba en un satélite del libre mercado similar a los ejemplos de la Europa del Este, el Cáucaso y Rusia, y siguió su propio modelo político y económico independiente.

A diferencia de los antiguos países comunistas de la URSS, Europa del Este y Asia, la transición hacia la nueva economía de Cuba no dio lugar a las monstruosas desigualdades en las que un diminuto grupo de multimillonarios y archimillonarios se apoderaron del control de los bienes y recursos públicos, mientras que el resto de la población permaneció pobre y desempleada, con alquileres prohibitivos, la sanidad y la educación desnacionalizadas e inaccesibles y pensiones miserables [10]. Igualmente, Cuba conservó la mayoría de las acciones y el control de las empresas en participación con capital extranjero [11], en contraste con las adquisiciones estadounidenses y europeas de casi todos (si no todos) los sectores de fabricación, financieros, mediáticos y comerciales de Europa del Este.

Incluso más digno de atención es que, a diferencia de Europa del Este y la antigua URSS, Cuba no sufrió la transferencia masiva al exterior de beneficios, alquileres e ingresos ilegales de redes de prostitución, narcotráfico y venta de armas. Tampoco la transición de Cuba a una economía mixta se vio acompañada de sindicatos del crimen organizado, que tuvieron un papel tan importante en los resultados electorales de Bulgaria, Polonia, Rumania, Albania y el resto de las nuevas democracias capitalistas [12].

El enorme éxito de Cuba para pasar por encima de obstáculos históricos que se oponían a su supervivencia, su sorprendente recuperación económica y su formidable fuerza de defensa nacional son en gran medida atribuibles a la combinación de perseverancia popular, lealtad a sus líderes revolucionarios y adopción de valores comunes de igualitarismo, solidaridad, dignidad nacional e independencia. Sin embargo, el propio éxito del gobierno cubano al enfrentarse y superar los obstáculos resultantes del bloqueo de EEUU y del colapso de la URSS ha creado un nuevo tipo de desafíos y contradicciones.

Contradicciones y desafíos tras el “período especial”

La promoción del turismo como eje de la recuperación económica fue el uso más rápido, fácil y racional del clima natural de Cuba para compensar la depresión económica, la falta de capital y el aislamiento político. Además, fue el sector que más interesó a los futuros socios inversionistas extranjeros. El turismo generó divisas fuertes para importar productos primarios esenciales, especialmente petróleo y productos manufacturados, material sanitario y alimentos.

Sin embargo, al cabo del tiempo el turismo dio lugar a distorsiones muy importantes en la economía: los salarios de los empleos de poca o ninguna calificación relacionados con el turismo excedieron con mucho a los de científicos de elevada formación, médicos, trabajadores calificados y trabajadores agrícolas entre otros. Además, las “empresas mixtas” en el sector del turismo llevaron a la creación de una nueva burguesía burocrática rica y al auge de las desigualdades [13]. Igual de perjudicial, la entrada masiva de turistas resultó en el crecimiento de un lumpenproletariado, prostitutas, narcotraficantes y otras formas de pícaros no productivos cuyos ingresos ilícitos excedían a los de trabajadores, empleados y profesionales. Este grupo desarrolló redes con hoteles, restaurantes y gerentes de clubs nocturnos, que apoyaron la corrupción y pusieron a prueba los valores revolucionarios. Las carencias continuas, el bajo poder adquisitivo y la falta de bienes de consumo deseables restaron fuerza a las campañas del gobierno para “moralizar” la actividad turística sin alejar a los turistas.

Las inversiones a gran escala y a largo plazo en infraestructuras turísticas -hoteles, restaurantes, muebles importados y alimentos- desviaron reservas de la agricultura: la producción agropecuaria, en especial la de productos alimenticios, declinó significativamente y sobre todo su disponibilidad para la población local, lo cual facilitó los mercados negro, gris y “libre”. Cuba se convirtió en un país dependiente de alimentos del exterior [14]. Mientras que el turismo atraía divisas fuertes, se gastaban cientos de millones en importar alimentos de EEUU, Canadá, Argentina, la República Dominicana y otras partes. La dependencia alimentaria de EEUU incrementó la vulnerabilidad de Cuba ante cualquier endurecimiento del embargo a la exportación. Podría decirse que la seguridad nacional cubana quedó debilitada por el hecho de que Cuba pagase con moneda fuerte por adelantado una proporción creciente de importaciones de alimentos de ese país, tal como requiere el Departamento del Tesoro de EEUU.

Algunos comentaristas políticos de dentro y fuera de Cuba han señalado que los agricultores, el negocio de la agroalimentación y los políticos estadounidenses (de más de treinta estados) implicados en el comercio con Cuba son un potente grupo de presión capaz de presionar para el fin del bloqueo de la Casa Blanca. Los precedentes apuntan a lo contrario. La década pasada, bajo los presidentes Clinton y Bush, no mostró progreso alguno en el fin de la presión estadounidense sobre Cuba. Al contrario, conforme aumentaban las importaciones cubanas procedentes de EEUU, el Congreso de ese país imponía leyes restrictivas sobre los viajes y los envíos de dinero, añadiendo a la lista negra empresas de terceros países y financiando campañas de desestabilización y propaganda a través de la Casa Blanca.

El turismo, que sirvió como estrategia inmediata y necesaria en el período especial, por desgracia se ha convertido en un sector de crecimiento intrínseco y estratégico para la economía. Cuba sigue fiel a su tradicional ciclo de dependencia del “monocultivo” tras haber sustituido la exportación de azúcar a EEUU y luego a la URSS y a la Europa del Este por el turismo para canadienses y europeos. El problema con la nueva dependencia (como con la anterior) es que ofrecen soluciones a “corto plazo” mientras que a largo plazo empeoran los problemas estructurales, entre ellos una mala distribución de los recursos humanos (hay arquitectos que trabajan como botones de hotel) y la ausencia de una economía diversificada capaz de enfrentarse a los inevitables ciclos económicos endémicos del mercado capitalista mundial.

La cada vez mayor dependencia de alimentos de Cuba se está agudizando, como bien lo refleja el aumento de la importación de arroz, frijoles, carne de ave, cerdo, carne de res y otros elementos esenciales (incluso, a veces, el azúcar) en la dieta cubana. En su discurso del 26 de julio de 2007, Raúl Castro destacó el enorme aumento de los precios de los alimentos importados y puso como ejemplos el aumento hasta el triple del coste de la leche en polvo en los tres años anteriores, el incremento del 10% en el precio del arroz molido entre 2006 y 2007 y la duplicación del precio del pollo.

La producción agrícola de Cuba está dirigida en gran medida hacia los mercados turístico y de exportación: el tabaco, los cítricos la fruta tropical, el azúcar (apenas); gran parte de la fruta de calidad, la carne, los productos y la carne de ave se venden en los mercados privados de agricultores, o en las tiendas especiales que comercian en dólares o moneda convertible. Esto hace que haya escasez de productos en las tiendas estatales subsidiadas de los barrios. El desarrollo de “huertos urbanos” ha sido una solución para ciertos vecindarios -pues provee productos orgánicos frescos de calidad- pero no cubren las necesidades de gran parte de la población.

La disminución de la producción de alimentos, especialmente el arroz (Cuba importa más del 75% de su arroz) es notable. Un importante economista cubano nos dijo que se debía a una falta de trabajadores agrícolas deseosos de cultivar arroz -una labor que requiere un esfuerzo intensivo-, al menos mientras se les pague el salario actual, muy inferior al de los empleos en sectores no agrícolas. Cuba, con una baja tasa de natalidad y una población muy educada, carece de trabajadores agrícolas. Sin embargo, por razones poco claras, Cuba rechaza la idea de alentar la inmigración desde países con excedente de trabajadores agrícolas experimentados, como Haití, para reforzar su declinante fuerza laboral en las granjas e incrementar las cosechas de productos nacionales básicos de los que depende su seguridad alimentaria. La dependencia agrícola cubana del capital extranjero, en especial de inversionistas israelíes en el sector cítrico, es también incomprensible -dada la abundancia de agrónomos, operadores agrícolas de extensión y oportunidades de aprender mercadotecnia [15]-. El mercado mundial de los cítricos ha sido especialmente lucrativo para el capital brasileño, por lo menos desde los años sesenta... mientras que Cuba ha entrado en él con retraso y en parte a través del capital extranjero, lo cual hace que los beneficios salgan de la Isla.

Mientras Cuba canalizaba de forma eficaz grandes inversiones de capital hacia el turismo, la biotecnología y otros sectores productivos, ha descuidado su sector de la vivienda, lo cual ha creado una lista de espera de 10 años para más de un millón de familias. El déficit de viviendas es una de las fuentes más importantes del descontento entre el pueblo cubano, incluso entre sus funcionarios de nivel medio del partido y del gobierno, que se ven obligados a vivir con sus parientes. Además, la vivienda actual está en muy mal estado, sobre todo en Centro Habana, donde con un poco de cemento y una mano de pintura barata se podrían revitalizar los vecindarios obreros, ahora gravemente deteriorados.

Aunque el gobierno ha anunciado un programa para construir 100.000 casas y apartamentos por año, dicho programa adolece de mala gestión (demoras burocráticas), robo de materiales de construcción por funcionarios, baja productividad y un suministro inadecuado de materiales [16]. En gran medida, la vivienda no ha gozado de la prioridad que recibió el sector hotelero para turistas durante los pasados años. El énfasis que se puso en la “recuperación económica” durante el período especial ha dado lugar a una falta de énfasis en las necesidades básicas de los consumidores en el sector de vivienda.

La “producción” a corto plazo por encima de las estrategias para los consumidores está dando lugar a problemas a medio y largo plazo. Los demógrafos cubanos han indicado la disminución en la población total de Cuba junto con un envejecimiento de la existente, lo cual disminuye la cantidad de personas disponibles para el trabajo productivo [17]. Según los analistas de población cubanos, los factores socioeconómicos claves que explican la crisis demográfica son la falta de viviendas y el alto costo de la vida (Oficina Nacional de Estadísticas [ONE]). El desarrollo económico, la estabilidad social y la legitimidad política de Cuba exigen que se dé máxima prioridad a la construcción de casas, a la reparación y a la rehabilitación [18].

La baja productividad económica de Cuba, sus “ineficiencias burocráticas”, así como la apatía diaria en el lugar de trabajo son en parte resultado del muy inadecuado sistema de transporte público -de personas y de artículos-, por lo menos en lo relativo al mercado nacional. Largas colas en las paradas de las guaguas, falta de puntualidad, guaguas abarrotadas, camiones “convertidos” en transporte público (los arriñonados “camellos”) y combustibles muy contaminantes han dado lugar a un malestar crónico. La tardanza en el trabajo, debida al inadecuado transporte público, ha contribuido a la baja productividad y, a veces, es una excusa “legítima” para el absentismo. La falta del transporte público puntual mina la moral en el trabajo y en la escuela: si las autoridades públicas son incapaces de disciplina administrativa en algo tan básico como el transporte, ¿cómo pueden hablar a sus empleados de la necesidad de una mayor disciplina en el trabajo? La falta de disciplina de la dirigencia es un mal ejemplo para todos trabajadores.

La reciente compra de mil autobuses a China ha proporcionado algún alivio, pero la excesiva dependencia del auto-stop que tienen los trabajadores atestigua la persistente insuficiencia. Igualmente, las “pérdidas” que se producen durante el transporte de artículos desde los productores a los consumidores han generado una escasez crónica de productos alimenticios, materiales de construcción y petróleo [19]. La corrupción, el robo generalizado, la falta de coordinación y la supervisión inadecuada son en gran parte culpables, así como la ausencia de mecanismos de control político de los consumidores y los trabajadores concienciados. En sectores donde el Estado ha fijado prioridades altas, como el turismo, el níquel y los fármacos, el sistema de transporte funciona de una manera razonablemente eficaz.

El problema del transporte no se debe sólo a una falta de voluntad política. Cuando en noviembre de 2005 Fidel Castro anunció que más del 50% de la gasolina se robaba y se vendía en el mercado negro, quedó claro que la autoridad gubernamental y la vigilancia administrativa no funcionan [20]. Los ministros a cargo de la energía, el transporte y el comercio ni siquiera fueron reprendidos públicamente.

Cuba requiere al menos 10.000 nuevos vehículos de transporte, y eso sólo para empezar. Necesita personal de mantenimiento y personal entrenado, así como comités de vigilancia de consumidores y trabajadores, que aseguren que el nuevo transporte, una vez adquirido, funcione.

La educación sociopolítica, las exhortaciones morales y las citas de dirigentes históricos ejemplares son necesarias para motivar a los trabajadores, pero obviamente inadecuadas en ausencia de salarios y jornales decentes.

En su discurso del 26 de julio de 2007 en Camagüey, Raúl Castro señaló que “Somos conscientes igualmente de que en medio de las extremas dificultades objetivas que enfrentamos, el salario aún es claramente insuficiente para satisfacer todas las necesidades, por lo que prácticamente dejó de cumplir su papel de asegurar el principio socialista de que cada cual aporte según su capacidad y reciba según su trabajo. Ello favoreció manifestaciones de indisciplina social y tolerancia que una vez entronizadas resulta difícil erradicar, incluso cuando desaparecen las causas objetivas que las engendran [21].”

Salarios bajos, débil motivación, falta de disciplina de trabajo y escasa productividad constituyen un ciclo que ha afectado de forma cruel a los servicios, la manufactura y la agricultura y podría ser convertido en un ciclo virtuoso. Durante los tres últimos años, los salarios se descongelaron después de casi dos décadas y se concedieron algunos aumentos relativamente grandes. Pero en comparación con los aumentos en el precio de la electricidad doméstica, los alimentos (buena parte de los cuales deben comprarse en el mercado “libre”), la ropa y otras necesidades indispensables, los aumentos salariales están por debajo de lo necesario para estimular una mayor productividad.

Aunque hace falta aumentar el poder adquisitivo de los consumidores, también debe aumentar la disponibilidad de artículos de consumo a precios competitivos. Los aumentos de salario en situación de escasez llevan a gastar más dinero para comprar menos artículos, y los aumentos informales de los precios erosionan los “aumentos” simbólicos. La economía tiene que equilibrar la mayor producción y las importaciones de bienes de consumo con inversiones en bienes de equipo y producción para mercados de exportación. Las inversiones en instalaciones turísticas tienen que ser equilibradas con inversiones de capital y producción para mercados de exportación. La brecha entre instalaciones lujosas para turistas y el paupérrimo estado de la vivienda de los trabajadores creció enormemente durante el “período especial”. La continuación de la expansión del turismo extranjero durante la década y media de recuperación erosiona los valores socialistas tanto como la desigualdad resultante del robo de recursos públicos. Las desigualdades han aumentado a causa de las “bonificaciones” no oficiales a altos funcionarios que trabajan en empresas con participación extranjera, en el comercio exterior y en la economía del dólar/euro. Una nueva política de la renta puede incentivar la productividad si se combina con la participación directa de todos los trabajadores en la organización y la administración del centro de trabajo, así como con la inauguración de espacios múltiples para discutir sobre la reestructuración de la economía.

La nueva política de la renta debería promover sectores estratégicos de la economía. El crecimiento de la agricultura, la manufactura y los sistemas de información aplicada requieren cambios en la dirección de la política gubernamental y, sobre todo, en sus programas de formación educativa y profesional [22]. Mientras que la mayoría de los países asiáticos y latinoamericanos iban a la zaga de Cuba en los años sesenta, hoy han superado a Cuba en la diversificación de sus economías, el desarrollo de sectores competitivos de fabricación para la exportación y la disminución de su dependencia de un grupo limitado de productos de exportación. Al añadir valor a sus productos, los países asiáticos han incrementado sus ingresos, lo cual ha redundado en salarios más altos y un mejor “ajuste” entre educación avanzada y oportunidades de trabajo. La economía de Cuba se caracteriza por un gran desequilibrio entre un sistema educativo muy desarrollado y una economía de “monocultivo” que no provee los puestos de trabajo apropiados a la universalización de la educación superior. Cuba tiene que ajustar su educación para formar diplomados que gestionen y dirijan las actividades industrial y agrícola con vistas a que éstas produzcan en masa tanto artículos para el consumo popular como científicos para servicios médicos.

Cuba produce y exporta níquel y cítricos –a pesar de la disminución de su valor añadido–, pero el procesamiento y la fabricación de productos terminados se realizan en otros lugares. Cuba produjo durante décadas 5-6 millones de toneladas de azúcar crudo para la exportación; después del fin de la URSS, tuvo que vender a precios de mercado mundial. En comparación, Brasil avanzó en el uso múltiple de la caña de azúcar procesada, especialmente como fuente de energía, mientras Cuba desperdiciaba sus escasas divisas extranjeras importando petróleo y reduciendo así el crecimiento general. Después, Cuba cerró muchos centrales azucareros. Algunos campos de caña se dedicaron a otros productos, pero muchos permanecieron sin cultivar, incluso cuando el precio del etanol subió vertiginosamente y aumentaron las importaciones cubanas de alimentos. Aunque numerosos críticos tienen razón al señalar los efectos negativos del cambio de la producción de alimentos a etanol, no es el caso de Cuba: los campos sin cultivar no producen ni alimentos ni etanol.

El crecimiento económico y la igualdad social se ven fuertemente afectados por la gran cantidad de robos de propiedad pública. Fidel Castro mencionó sólo un ejemplo: la pérdida de un 50% de los beneficios en la distribución de petróleo, vendido en el mercado negro. La corrupción oficial y el robo público concentran los ingresos en manos de los operadores del mercado negro, aumentando la desigualdad y erosionando la moral laboral de los trabajadores honrados. Igual de importante es que el robo acarrea mala asignación de recursos, retardos en las entregas de bienes y servicios y escasez de bienes. El castigo de altos funcionarios es necesario, pero insuficiente. Lo que requiere reformas de un modo especial es la creación de un nuevo sistema de responsabilidad pública basado en autoridades independientes de contraloría, comisiones de supervisión de consumidores y trabajadores con el poder de “abrir los libros”. El control por los trabajadores y profesionales no eliminará por completo la corrupción, pero cuestionará a las autoridades mediante estudios independientes periódicos. El presidente de facto Raúl Castro ha exigido que los ministros sigan ahora agendas estrictas y presenten informes escritos actualizados relacionados con su campo de trabajo. Una mayor responsabilidad de la dirigencia es necesaria, pero no suficiente. Tiene que haber control y vigilancia de comisiones autorizadas desde la base y de una oficina paralela independiente de contraloría general.

Las empresas mixtas y un cierto grado de desigualdades de clase fueron tal vez necesarias para atraer capital durante los años de crisis sistémicas y colapso del comercio y de las redes financieras, el denominado Período Especial. Sin embargo, lo que en su tiempo fue considerado como una retirada o ajuste tácticos en un período particular, se ha enquistado con efectos trascendentales. Las desigualdades sociales han creado eso que Fidel Castro llama una clase de nuevos ricos que abrazan la ideología liberal. Impulsan un mayor espacio para la colaboración pública-privada, tratando en última instancia de integrar a Cuba en un mercado mundial dominado por el capital imperial. En Cuba el sector público sigue siendo preponderante y políticamente poderoso [23], pero al ser incapaz de controlar la escasez en las necesidades públicas y de satisfacer el consumo individual, se hace cada vez más vulnerable a la crítica liberal y de sedicentes “socialistas de mercado”. Estos últimos arguyen que la solución a la escasez es un mayor espacio para inversionistas capitalistas e intereses comerciales, tanto internos como extranjeros.

Las desigualdades sociales no son sólo el resultado de fuerzas de mercado, la corrupción y el turismo. También son un producto de la concentración del poder político en la administración y la dirección de la economía y la disposición de los gastos públicos. Para limitar el crecimiento de una burguesía de nuevos ricos se requiere algo más que periódicas movilizaciones populares –como entregar el control de las gasolineras a trabajadores sociales– y los insistentes llamados a la moralidad (que son importantes). La lucha contra la Nueva Clase requiere que un nuevo sistema de representantes elegidos supervise las asignaciones del presupuesto a los diversos ministerios y tenga poder para convocar a funcionarios responsables a audiencias televisadas para que exista una responsabilidad pública estricta, cuando sea necesario.

Uno de los motivos de descontento más frecuentes y repetidos entre la población es la gran desproporción entre la ayuda humanitaria en el exterior y la escasez de bienes en el mercado interno. Nadie pide el fin de la solidaridad con los pobres de todo el mundo, pero la masa cubana no apoya el grado en que se gastan actualmente recursos, en vista de la escasez de bienes de consumo dentro del país.

Se han presentado varias objeciones relativas a los compromisos de Cuba en el extranjero y a prioridades mal identificadas. Ante todo, se dona mucha ayuda y no tiene un beneficio práctico para Cuba: los programas de salud no obtienen como respuesta reacciones diplomáticas y políticas favorables de los países receptores. De hecho, los gastos cubanos de salud permiten que numerosos regímenes reaccionarios favorables a EEUU sigan destinando fondos para incentivar inversiones extranjeras o comprar armas –como es el caso en Honduras, Pakistán, África y otros lugares–, reduciendo la presión popular sobre los gobiernos nacionales para que presten servicios sociales. Sin duda Cuba se gana el favor de los pobres de esos países, pero también provoca el resentimiento de muchos cubanos. Ante la urgente necesidad de acelerar programas internos, Cuba no está en condiciones de mantener costosos programas en el extranjero que carezcan de beneficios monetarios, estatales o comerciales. También se cuestionan los subsidios para estudiantes y pacientes extranjeros y para los numerosos delegados a conferencias.

Hay que pensar seriamente y tomar decisiones económicas durísimas para lograr un equilibrio efectivo entre las urgentes necesidades internas de Cuba y sus misiones humanitarias en el extranjero. Un ejemplo positivo de relaciones recíprocas equilibradas son los intercambios socioeconómicos de Cuba con Venezuela: petróleo a precios rebajados, inversiones y comercio de Caracas a cambio de servicios médicos, educacionales y sociales a gran escala prestados por la fuerza laboral altamente capacitada de Cuba.

Cuba es un país en desarrollo, que tiene grandes expectativas y logros, pero sigue siendo un país en el que la pobreza es evidente en las viviendas y en la deteriorada infraestructura del centro de La Habana.

Si Cuba ha de derrotar los desafíos externos y los del incipiente neoliberalismo interno, el sector público debe reaccionar mejor ante las necesidades populares. Para asegurar más transparencia y un mayor grado de reacción necesita más representación y supervisión de los sectores de consumidores y productores.


(Sigue)

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