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EL ECO DE LOS PASOS sostiene el apoyo crítico a la Revolución Venezolana desde el punto de vista del Comunismo Anarquista.- Colaboraciones a: cntfai@cantv.net

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Noam Chomsky y el Anarquismo

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Noam Chomsky y el Anarquismo

el dedo en el ojo del felix gª moriyónHace ya muchos años leí y traduje un breve artículo de Noam Chomsky titulado “Cómo ser un anarquista”. En estos momentos no sé qué hice del texto y de la traducción, pero afortunadamente está publicado por una editorial uruguaya, Nordan Comunidad (nordan.com.uy ). Nada nuevo, sin embargo, aporto al llamar la atención sobre la explícita relación de Chomsky con el anarquismo, por el que siempre ha mostrado su afinidad.

Quiero hacerme eco de unos párrafos incluidos en una entrevista que publican en el número de Agosto de Le Monde Diplomatique en los que hace algunas reflexiones, dos de las cuales son de enorme interés desde el punto de vista de un pensamiento anarquista actual. La entrevista se titula “El lavado de cerebro en libertad” y analiza uno de los temas recurrentes en su pensamiento: el modelo de control social en las democracias a través de la fabricación del consenso.

Preguntado por el papel del Estado en estos momentos, considera que el Estado es un instrumento que ayuda a controlar y a defenderse de las grandes empresas, auténticas instituciones totalitarias en las que no existe ningún control democrático. El Estado, a diferencia de las grandes compañías, debe en cierto sentido responder ante los ciudadanos de las decisiones que toma: hay una cierta rendición de cuentas y un cierto control democrático.

Aunque la afirmación puede resultar chocante, no deja de ser cierto de que el Estado sale beneficiado en su comparación con las compañías económicas. No ha de extrañarnos pues esa es una de las batallas de la actualidad: la lucha de los neoliberales radicales por acabar con cualquier control estatal sobre la actuación de las grandes compañías. La defensa de modelos económicos y sociales de gestión pública frente a la privatización absoluta de todos los servicios responde a esa lógica.

Eso sí, como Chomsky señala, el Estado es un pobre instrumento dada su imbricación profunda con las élites que controlan la economía. Quienes dirigen la vida económica del mundo han establecido sólidos vínculos con las autoridades políticas hasta el punto de que podemos reconocer fácilmente una comunidad de intereses sin solución de continuidad entre unos y otros, de tal modo que las autoridades políticas parecen estar al servicio de los poderes económicos, y viceversa. El trasvase de presidentes de estado al mundo de las finanzas es un bueno ejemplo, como ocurre en el caso de nuestros dos últimos presidentes de gobierno.

La única manera de hacer frente a esa situación es ampliar y profundizar la democracia para que de ese modo los ciudadanos puedan participar en el control de los medios de producción y de intercambio y también en las instituciones políticas, con la perspectiva a largo plazo de la progresiva desaparición del Estado. Sólo de ese modo se harán presentes los genuinos intereses de los seres humanos en su totalidad y no los de una minoría. Eso le lleva a una segunda afirmación igualmente interesante. No existen principios anarquistas, como tampoco existe un catecismo libertario. El anarquismo es más bien un movimiento del pensamiento y de la acción humanos que identifica las estructuras de poder y opresión, pone en cuestión su legitimidad y busca el modo de superarlas. Esto es, detecta los múltiples mecanismos de sometimiento y control, pone de manifiesto su falta de justificación y elabora estrategias para acabar con ellos.

En ese enfoque radica la fuerza del anarquismo y, lo que puede ser más importante, su absoluta actualidad y su marcada eficacia como corriente de cambio social. Lejos de estar pasado de moda o de haber dado muestras de su incapacidad para hacer propuestas “realistas” de intervención social, política y económica, podemos considerar que el movimiento anarquista, tal y como queda definidito en el párrafo anterior, ha mostrado una gran eficacia.

Desde prácticas y teorías anarquistas se ha realizado una importante contribución a la identificación de formas de opresión y de injusticia que pasaban desapercibidas para la mayoría de la población, pero que ahora han salido a la luz y han sido cuestionadas y combatidas hasta lograr que no sean admitidas por los ciudadanos. Eso ha supuesto un progreso en las condiciones de vida de la población, un auténtico logro y un éxito y nunca un fracaso.

Declararse anarquista, recurrir a los instrumentos de análisis de la realidad social elaborados desde planteamientos anarquistas y utilizar modelo de lucha social coherentes con los principios y estrategias libertarios es una muestra de madurez política y de sano realismo. No nos hace falta retroceder a hazañas pretéritas, como las colectivizaciones en la revolución española, una experiencia excesivamente excepcional como para ser tomada como referente del acierto del movimiento anarquista. Aquí y ahora seguimos siendo sensatos y eficaces, precisamente por ser radicales y por apuntar directamente al núcleo de los problemas desvelando el camino para su superación.

En unos pocos párrafos, resumen Chomsky dos ideas que comparto plenamente y que defiendo constantemente desde esta sección. Hace ya seis años expuse esa tesis por extenso en un libro publicado por la CGT, Senderos de libertad. De manera más extensa intentaba mostrar y demostrar que la teoría y la práctica libertarias constituía la savia inspiradora de los movimientos de transformación social más dinámicos y más productivos de la sociedad actual.
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