EL ECO DE LOS PASOS sostiene el apoyo crítico a la Revolución Venezolana desde el punto de vista del Comunismo Anarquista.- Colaboraciones a: cntfai@cantv.net
¡Mucho guillo con ese pillo!
Lo peor que nos podía pasar a los venezolanos es que Felipe González Márquez se presentara en el “cabildo” de Caracas el 19 de abril de 2010 a celebrar con nosotros el primero de nuestros bicentenarios. Me imagino la que se armaría. Las “hordas chavistas” harían de las suyas. Algún actor callejero, disfrazado de cacique Guaicaipuro, le amargaría la velada al embajador de los Borbones. Y ten cuidado si no saldría corriendo a refugiarse en la embajada española en Altamira. Porque un 12 de octubre de año reciente, media docena de anarquistas descabezaron la estatua de Cristóbal Colón, almirante de la mar océano, y hasta el sol de hoy la cabeza no ha aparecido. Para la falta que hace.
El nombramiento de Felipillo para representar a los Reyes de España en los aniversarios de los bicentenarios de la independencia latinoamericana dice casi todo sobre que los Borbones jamás se han resignado a haber perdido sus colonias americanas. Yo diría más: incluso aspiran a recuperarlas. Para eso se valen de todas las cartas. Ya vimos al señor Aznar reconociendo al régimen espúreo que surge de un fallido golpe militar, en Venezuela, en abril de 2002. La política española hacia México, por ejemplo, es suficientemente clara para quien sepa leer entrelíneas los propósitos imperiales.
Las apetencias de los hispanistas se acrecientan en la misma medida que el antiyanquismo se expande, aunque, a decir verdad, con Chávez están jodidos. Porque Venezuela es parte de la antigua “Colombia”, es decir, de la Gran Colombia, nación que existió entre 1819 y 1830, hasta la muerte de Bolívar. Los santanderistas en Bogotá y los paecistas en Caracas liquidaron el proyecto bolivariano, no tanto porque fueran unos “traidores” sino porque los españoles americanos coincidían con los españoles peninsulares en su pavor al pueblo llano, conformado, en gran medida, por blancos de orilla, zambos, pardos, indios, mestizos, mulatos y negros esclavos.
Las guerras de independencia fueron realmente guerras civiles entre españoles. Pero Bolívar llevó la cosa más lejos prometiendo la libertad de los esclavos y una sociedad afrancesada de acuerdo a los postulados de la Gran Revolución: libertad, igualdad y fraternidad. Gran Bretaña, pérfida como siempre, manipuló a sus lacayos locales para fragmentar a “Colombia” e impedir que un gran país, rico en todo, y de una extensión territorial apreciable se convirtiera, en América del sur, en el faro de las próximas revoluciones.
Páez fue, en Venezuela, el artífice de la secesión. Devenido en arlequín del mantuanaje, influido por los gerentes de las casas comerciales extranjeras de Puerto Cabello y Caracas, dio al capitalismo británico todas las facilidades para adueñarse de Venezuela pero estos prefirieron, a la postre, a los Monagas. Y éstos serán los que derriben a Páez, aunque, realmente, lo vuelvan a usar contra los federales años más tarde.
Por eso la carta que copiamos a continuación revela el carácter que cuidan todos los cipayos de ocultar:
“Excelentísimo señor General José Antonio Páez
Muy señor mío:
Siento mucho no poder recibir al señor García que me ha hecho entregar la comunicación de V.E. de 20 del corriente. Aunque como particular, mis simpatías sean por los hombres de orden en las cosas de Venezuela, tengo como autoridad española deberes que cumplir; y éstos me obligan a no mezclarme para nada en las disensiones que afligen a ese país tan desventurado desde que sus naturales se rebelaron contra el gobierno de los Reyes que por tantos años los habían hecho felices. Dios guarde a V.E. muchos años. Puerto Rico 30 de septiembre de 1848. Juan de la Pezuela…”
Es decir, Páez le había solicitado a la guarnición española en Puerto Rico que le enviara refuerzos militares para combatir a los Monagas. Esto también se vio, por entonces, en el Perú cuando un movimiento interno bregó por anexarse nuevamente a la Corona española. Y, en general, se dio en otros sitios.
Y es lo que se ve hoy entre ciertos sectores de las clases dominantes latinoamericanas: volver a ser colonias españolas las salvaría de las revoluciones. Así que cuando Felipillo pase cerca habrá que exclamar: ¡mucho guillo con ese pillo!
Floreal Castilla