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16 décembre 2013 1 16 /12 /décembre /2013 14:25

Utopías y realidades

Escrito por: Francisco Vidal

Hoy, la sola idea de comprar un ser humano nos repugna y parece, simplemente, absurda.

 

Hace exactamente un siglo, en la época de nuestros abuelos, cuando surgía en los distintos parlamentos europeos el debate sobre la posibilidad de otorgar derecho a voto a las mujeres, el proceso histórico se repitió una vez más: quienes eran tachados de utópicos, ingenuos y alejados de la realidad proponían la equiparación de derechos de esa mitad de la humanidad injustamente alejada de las decisiones sociales. Los conservadores de entonces, al tiempo que insultaban y se mofaban de los hombres y mujeres progresistas, aseguraban que tal cosa nunca sería realidad.

 

Hoy nos parece tan natural que las mujeres voten que ni los grupos ultraconservadores se atreven a cuestionarlo.

 

Esos dos cambios sociales, posiblemente los de mayor trascendencia en la historia de la humanidad, no se produjeron tras una cruenta guerra mundial, a pesar de que afectaban, a todas las sociedades humanas del planeta, sino mayoritariamente mediante el diálogo.

 

Hoy en día son cada vez más numerosos los grupos que plantean que es necesaria una reestructuración de los sistemas democráticos para transformarlos, mediante el voto electrónico a través de sistemas informáticos, en sistemas de participación continua de los ciudadanos, en sistemas verdaderamente democráticos, que evitarían tanto leyes injustas como el estallido de conflictos bélicos que sólo benefician a ciertas corporaciones empresariales.

 

Lo denominan “democracia directa” o “democracia participativa”.

 

Hay quien les tacha de utópicos e ingenuos.

 

Actualmente, la cifra de gasto anual en armamento equivale al 2,4% del Producto Interior Bruto (PIB) mundial y a 217 dólares por cada habitante del planeta, sin embargo los gobiernos se muestran incapaces de apartar de ese gasto monstruoso el 1% necesario para evitar la muerte, cada día, de 36.000 niños por falta de comida o medicinas básicas.

 

¿Sería posible un mundo tan injusto si los ciudadanos votáramos las principales leyes que nos gobiernan en una democracia más evolucionada?¿Cuánto tardaríamos en prohibir por ley las guerras y los paraísos fiscales?¿Votaría usted regalar cientos de miles de millones de dinero público para salvar empresas y bancos privados mal administrados, los mismos que provocaron la crisis actual con su codicia y pésima gestión?¿O votaría usar la milésima parte de ese dinero público para salvar a diario la vida de esos 36.000 niños que mueren por causas evitables?

 

¿No es posible hacer evolucionar la democracia hasta ese punto? Eso se decía, hace justo un siglo, sobre la capacidad de votar de las mujeres y hace dos siglos, sobre la capacidad de tomar decisiones sociales de quien no perteneciera a la aristocracia.

 

Quienes hacemos del estudio de la historia un trabajo, un placer, o ambas cosas, sabemos que ese ha sido el continuo y repetido proceso que ha hecho evolucionar las sociedades humanas, el reparto, cada vez más igualitario y horizontal, de la toma de decisiones que afectan al conjunto de los ciudadanos.

 

El tiempo ha venido a mostrar que, al final, el ingenuo no es quien plantea una idea aparentemente utópica o una solución basada en el diálogo en vez de en la fuerza.

 

Los verdaderos ingenuos, la historia lo ha demostrado reiteradamente, han sido quienes han creído poder detener la evolución, quienes aún no han aprendido aquella magistral lección que Heráclito nos enseñó en una sola frase:

 

“Lo único permanente es el cambio”.-

 

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Miguel Bakunin

 

 

Carl Sagan

Así, a medida que la ciencia avanza, Dios parece tener cada vez menos que hacer. Es un gran universo, desde luego, por lo que Él, Ella o Ello, podría estar ocupado provechosamente en muchos sitios. Pero lo que evidentemente ha ocurrido es que ante nuestros propios ojos ha ido apareciendo un Dios de los vacíos; es decir, lo que no somos capaces de explicar, se lo atribuimos a Dios. Después, pasado un tiempo, lo explicamos, y entonces deja de pertenecer al reino de Dios. Los teólogos lo dejan de lado y pasa a la lista de competencias de la ciencia.

 

Carl Sagan: “La diversidad de la ciencia” [2007]



 

Stepehen Hawking

"La estirpe humana no es más que un sustrato químico en un planeta pequeño, orbitando alrededor de una estrella mediana, en los suburbios de una galaxia del centenar de miles de millones que existen"

 

Carlos Marx

“Durante el curso de su desarrollo, las fuerzas productivas de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, o, lo cual no es más que su expresión jurídica, con las relaciones de propiedad en cuyo interior se habían movido hasta entonces. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas que eran, estas relaciones se convierten en trabas de esas fuerzas. Entonces se abre una era de revolución social” (1859)

 

 

Albert Einstein

Si una idea no parece absurda

de entrada,

pocas esperanzas

hay para ella.-

 

Groucho Marx

"El secreto de

la vida es

la honestidad y

el juego

limpio, si puedes

simular eso,

lo has conseguido."  

  

MARX, Groucho (1890-1977) 
Actor estadounidense