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11 novembre 2013 1 11 /11 /novembre /2013 17:15

En las décadas de los 1950-1960 apareció la sociedad  de consumo. Los recoldos de la segunda guerra amainaban; la  guerra de Corea impulsó el trasvase de la industria militar a la industria civil; Europa se recuperaba y las nuevas generaciones  comenzaron a disfrutar de altos niveles de consumo de la posguerra. La sociedad disciplinada y disciplinaria se aferraba al alféizar del consumismo.

La sociedad de consumo se convirtió en el chivo expiatorio de  los radicalismos de entonces. Al fragor de las guerras de Indochina, los radicales no dejaban escapar la oportunidad de lanzar dardos contra el consumismo; y hasta hubo, ortodoxos de todos los pelajes, que refrescaron la teoría de la alienación, que agonizaba en la filosofía, y la presentaron como la última teoría social en boga. Curiosamente, hoy, aparecen encuestadores sobre la fetichización de la mercancía en muchos centros de opinión.

Que la mercancía es un fetiche desde los tiempos de los aztecas no debe alarmar a nadie. Es parte de la vida contemporánea, y la misma sociedad de control funciona gracias a ella. Y ya ese fetiche ha invadido el campo del biopoder, es decir, ese conjunto de actividades mediante las cuales el trabajo socialmente necesario ha devenido en trabajo inmaterial, es decir, en trabajo que se valoriza a partir de actividades que nada tienen que ver con la “economía real” –no es lo mismo cosechar vino que atender geriáticos o escuelas para niños excepcionales-.

Si el biopoder es, grosso modo, poder sobre la vida, podríamos sostener que la medicina y la farmacia son hoy tan de vanguardia como las punto.com. Y, al revés, el capital financiero anuló la mercancía fetiche de antaño y, apartándose de la “economía real”, la gobierna desde afuera.

Lo que hemos visto en Venezuela este fin de semana pasado es la inocua mercancía fetiche abandonada por el capital privado asustado no sólo por sus dólares sino por su pescuezo. Y, a la vez, una reacción biopolítica novedosa: en la lucha contra el biopoder dominante del capital financiero el surgimiento de nuevas subjetividades capaces de asociarse entre ellas bajo la vieja consigna decimonónica de que ¡la propiedad es el robo! ¡Faltaba más!

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Published by Verde - dans Esto y aquello
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Miguel Bakunin

 

 

Carl Sagan

Así, a medida que la ciencia avanza, Dios parece tener cada vez menos que hacer. Es un gran universo, desde luego, por lo que Él, Ella o Ello, podría estar ocupado provechosamente en muchos sitios. Pero lo que evidentemente ha ocurrido es que ante nuestros propios ojos ha ido apareciendo un Dios de los vacíos; es decir, lo que no somos capaces de explicar, se lo atribuimos a Dios. Después, pasado un tiempo, lo explicamos, y entonces deja de pertenecer al reino de Dios. Los teólogos lo dejan de lado y pasa a la lista de competencias de la ciencia.

 

Carl Sagan: “La diversidad de la ciencia” [2007]



 

Stepehen Hawking

"La estirpe humana no es más que un sustrato químico en un planeta pequeño, orbitando alrededor de una estrella mediana, en los suburbios de una galaxia del centenar de miles de millones que existen"

 

Carlos Marx

“Durante el curso de su desarrollo, las fuerzas productivas de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, o, lo cual no es más que su expresión jurídica, con las relaciones de propiedad en cuyo interior se habían movido hasta entonces. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas que eran, estas relaciones se convierten en trabas de esas fuerzas. Entonces se abre una era de revolución social” (1859)

 

 

Albert Einstein

Si una idea no parece absurda

de entrada,

pocas esperanzas

hay para ella.-

 

Groucho Marx

"El secreto de

la vida es

la honestidad y

el juego

limpio, si puedes

simular eso,

lo has conseguido."  

  

MARX, Groucho (1890-1977) 
Actor estadounidense